Diego gana $2,500 al mes y Lucía, $1,000. Se fueron a vivir juntos y quedaron en dividir todo lo común a la mitad: parecía lo más justo, nadie le debe nada a nadie. Renta, luz, internet, súper, artículos de limpieza: suman unos $1,500 al mes, $750 cada uno.
Después de eso a Diego le quedan $1,750 para él. A Lucía, $250 para todo el mes: ropa, transporte, regalos y lo demás. En papel está parejo y la cuenta del restaurante se divide al centavo. En la práctica uno vive tranquilo y la otra, a partir del día 20, ya está contando si le alcanza hasta el día de pago.
No es tacañería. Es que «a la mitad» y «justo» coinciden solo cuando los sueldos se parecen. Abajo van tres formas que funcionan cuando ganan distinto, con la fórmula y el cálculo de este ejemplo, y cómo cerrar el mes sin abrir una cuenta conjunta.
Por qué la mitad no funciona si ganan distinto
Lo justo no se mide en dinero, sino en esfuerzo: qué parte de su sueldo pone cada uno para la casa. Con la mitad, Diego pone el 30% y Lucía el 75%. La misma cantidad, dos veces y media más pesada para ella.
Hay una segunda trampa, menos visible. Una pareja con sueldos distintos suele vivir al nivel del que gana más: el departamento, el súper, las salidas. El otro intenta seguirle el paso, y la diferencia termina en la tarjeta de crédito o en renunciar a todo lo personal.
Le queda a cada uno: $1,750 / $250
Le queda a cada uno: $1,429 / $571
Le queda a cada uno: $1,450 / $550
Diego: renta y servicios. Lucía: súper, limpieza, farmacia.
Forma 1. A la mitad, si la diferencia de sueldos es chica
Es la más simple y funciona bien mientras los sueldos no se separen más de un 15–20%. Los gastos comunes van a una sola lista y se dividen exactamente en dos; los personales, cada quien los paga por su lado.
Hay una condición: el nivel de vida se elige según lo que puede pagar el que gana menos. Si Diego quiere un departamento de $1,200 y Lucía puede poner como máximo $400 de renta, o rentan uno de $800, o lo que pase de eso lo pone Diego. Si no, «a la mitad» vuelve a ser 30% contra 75%.
Forma 2. Proporcional al sueldo: fórmula y cálculo
Es el consejo más común para parejas que ganan distinto y, en la práctica, el que menos discusiones trae. Cada uno pone para lo común el mismo porcentaje de su sueldo.
Fórmula: tu parte = tu sueldo ÷ la suma de los dos sueldos. Lo que aportas = tu parte × los gastos comunes del mes.
Con el ejemplo: juntos Diego y Lucía ganan $3,500. La parte de Diego es 2,500 ÷ 3,500 ≈ 71% y la de Lucía, alrededor de 29%. De los $1,500 de gastos comunes, Diego pone unos $1,071 y Lucía, $429. A los dos se les va lo mismo en la casa: cerca del 43% del sueldo.
Si el ingreso cambia cada mes
Freelancers, vendedores a comisión, cualquiera que cobre por proyecto: el ingreso nunca es igual dos meses seguidos. Calcular la parte con un solo mes no sirve, porque en el bueno pagas todo y en el flojo casi nada. Es más fácil promediar los últimos tres o cuatro meses y recalcular cada trimestre.
Cuándo recalcular
Los porcentajes no son para siempre. Vuelvan a sacarlos cuando alguien cambie de trabajo, reciba un aumento, tome una licencia o se ponga a estudiar. Un aumento del 20% para uno mueve bastante la proporción, y si no la actualizan, en seis meses el reparto vuelve a ser injusto, solo que para el otro lado.
Forma 3. Zonas de responsabilidad
Para quienes odian los porcentajes y la calculadora a fin de mes. Los gastos no se dividen, se reparten por bloques: Diego paga la renta y los servicios, Lucía el súper, la limpieza y la farmacia. Cada uno paga lo suyo con su tarjeta y no hay transferencias entre ellos.
La trampa es que los bloques no suben al mismo ritmo. La renta queda fija por contrato un año, el súper sube cada mes. Si en un año el súper sube un 10%, Lucía ya no pone $450 sino $495: casi el 50% de su sueldo en lugar del 45%, y nadie se da cuenta. Por eso conviene comparar las zonas con los montos reales al menos una vez por trimestre.
Qué cuenta como gasto común
Cualquier forma se rompe antes por esta pregunta que por los porcentajes. Casi siempre es común: la vivienda, la luz, el agua y el internet, el súper de la casa, la limpieza, las suscripciones compartidas, la mascota. Lo que más se discute:
- Las vacaciones. Si uno quiere playa y el otro ir a ver a la familia, lo más simple es que sea común solo la parte básica del viaje.
- La ayuda a los papás y los regalos a la familia. Para la mayoría de las parejas es personal, pero conviene acordarlo antes.
- El coche. Si lo usa uno, es gasto suyo. Si lo usan los dos, es común, al menos la gasolina y el seguro.
- Comer fuera y los pedidos a domicilio. La cena de los dos es común; la comida en el trabajo, personal.
La lista no tiene que ser perfecta. Lo importante es que sea una sola para los dos y que esté escrita, no una distinta en la cabeza de cada uno.
Cómo cerrar el mes sin cuenta conjunta
Para la forma proporcional no hace falta una cuenta conjunta. Cada uno paga con su tarjeta como le quede cómodo y, a fin de mes, comparan lo que cada quien gastó de verdad en lo común con lo que le tocaba según su parte. La diferencia se cubre con una sola transferencia.
Por ejemplo, con un chat compartido con un bot donde los dos anotan los gastos comunes con palabras normales. A fin de mes, una sola pregunta:
Lo demás es una línea de aritmética. Con su 71%, a Diego le tocaba poner $1,071 y puso $950. Entonces le transfiere a Lucía $121 y el mes queda cerrado. La transferencia no la calcula el bot: muestra cuánto puso cada uno, y el porcentaje lo aplican ustedes.
Cómo armar ese chat para dos lo expliqué en el artículo sobre el presupuesto en pareja en Telegram. Si tienen muchos gastos comunes y se dividen de formas distintas, la comparación con Splitwise está en la alternativa a Splitwise para pareja y familia.
Cuándo cambiar de forma
- Uno le pide prestado al otro antes de cobrar. Aunque sean montos chicos para el súper, quiere decir que el reparto le pesa demasiado.
- Una propuesta de salir a uno lo pone contento y al otro lo pone a hacer cuentas. Les queda dinero libre de forma muy desigual.
- Hablar de dinero es algo que siempre se pospone. Suele ser señal de que alguien se siente en desventaja desde hace rato.
Cambiar de forma no es perder. Cambió un trabajo, subió la renta, alguien empezó a estudiar, y el acuerdo que era justo hace un año dejó de serlo hoy. La forma correcta es la que deja a los dos seguros de que su aporte es justo, sin rencor guardado por los números.
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